Incontinencia urinaria congénita en la perra por ureter ectópico: caso clínico

Incontinencia urinaria congénita en la perra por ureter ectópico: caso clínico

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Incontinencia urinaria congénita en la perra por ureter ectópico: caso clínico

andres_flores.jpg (17639 bytes) Flores Alés, Andrés J. y Luengo Ruiz, Mercedes

Miembros de AEVEDI

Servicio de Diagnóstico por Imagen del Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga. C/ Gerona, 1. 290006-Málaga (España).

 

Resumen:

Se describe un caso clínico de incontinencia urinaria debida a ectopia ureteral unilateral, con formación de hidrouréter secundario, en una perra de raza Husky Siberiano de un año y medio de edad; así como los medios de diagnóstico y tratamiento empleados en esta paciente.

Este caso nos fue remitido al Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga por los compañeros Regino Gil Díaz y Francisco G. Alvarez Frías desde la Clínica Albeitar de Melilla, para su diagnóstico y tratamiento.

Introducción:

Las causas de incontinencia urinaria en la perra son múltiples. Una completa y detallada anamnesis ayuda a descartar ciertas patologías con el fin de establecer un diagnóstico diferencial y dirigir el reconocimiento clínico y las pruebas complementarias para llegar a un diagnóstico definitivo. Obtenido el diagnóstico podrá recomendarse el tratamiento, médico o quirúrgico, y establecer un pronóstico acertado

El uréter ectópico es una alteración congénita a tener en cuenta por el veterinario clínico ante un caso de incontinencia urinaria presente desde el nacimiento o primeros días de vida del animal. Es una patología resultante del fallo en el desarrollo embrionario del sistema urogenital que tiene como consecuencia que la desembocadura de uno o ambos uréteres se produzca en una localización anormal (vagina, útero o cuello de la vejiga en hembras, uretra o próstata en machos).

Esta malformación ureteral puede ser unilateral o bilateral, dependiendo si se afectan uno o ambos uréteres. Y con respecto al trayecto seguido por el uréter se clasifican en intramural (cuando éste penetra en la pared de la vejiga normalmente, pero no se abre a la luz vesical en el trígono y continúa incluido en la submucosa vesical hasta desembocar en un sitio anormal) y extramural (cuando el uréter no se introduce en la pared de la vejiga y se dirige directamente a su desembocadura alterada).

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Todos los autores consultados coinciden en que en la especie canina se presentan más comúnmente los uréteres ectópicos unilaterales frente a los bilaterales, y en situación intramural frente a la extramural; así como se encuentra mayor frecuencia en hembras que en machos.

Algunos autores hablan de que existen razas con predisposición para esta patología, y se ha demostrado que en algunas de ellas existe transmisión por vía hereditaria.

Caso clínico:

Paciente:

Se presenta una perra de un año y medio de edad, de raza Husky Siberiano, capa blanca y negra, correctamente desparasitada y vacunada, habiendo tenido dos celos normales y sin historia previa de ninguna otra patología diferente a la del motivo de su valoración.

Anannesis:

La queja principal era que la perra tenía pérdidas de orina sin contról, más por la noche (amanecía mojada ) y sobre todo cuando estaba tumbada. Tambié tenía micciones voluntarias.

El hecho de que los propietarios vivieran en una casa mata con patio hizo que pudieran soportar estos inconvenientes y prefirieran probar con distintos tratamientos médicos sintomáticos a base de antiespasmódicos, antibióticos, etc, que aunque mejoraban un poco la sintomatología, no solucionaban el problema. Hasta que por por motivos de trabajo, tuvieron que mudarse a un piso, y entonces se hizo insoportable la convivencia con la perra debido a las inoportunas micciones y el fuerte olor a orín que ésta despedía.

Así que, decidieron dar el paso que tantas veces le habían recomendado, realizar pruebas diagnósticas para conseguir un tratamiento definitivo, ante las otras dos alternativas que tenían, que eran el desprenderse del animal o la eutanasia.

Reconocimiento.

Al examen físico general su estado era normal aunque algo delgada. Presentaba el pelaje en la región perivulvar y nalgas húmedo y desprendía un fortísimo olor a orín. Además tenía dermatitis perivulvar a consecuencia de la irritación por la fuga continua de la orina.

Diagnóstico:

Por exclusión de otras patologías se sospechó la existencia de una malformación congénita que se diagnosticó y confirmó mediante pruebas complementarias.

Por el sexo se descartó una patología prostática, y por la edad un problema neurológico relacionado con la inervación vesical. Por el historial reproductivo se desechó la incontinencia urinaria de causa hormonal; por la ausencia de intervenciones quirúrgicas abdominales no se pensó en la producción de adherencias u otras complicaciones postoperatorias. Debido a la no respuesta al tratamiento médico y por la ausencia de otros síntomas clínicos como disuria, hematuria, etc, fueron descartadas la cistitis infecciosa y cistitis mecánica por cálculos vesicales.

El diagnóstico diferencial quedó reducido a las alteraciones congénitas como son: el uréter ectópico, la incompetencia del esfínter ureteral, hipoplasia y ectopia vesical, fístula ureter o vesico-vaginal y malformación vaginal.

En una entrevista personal con los propietarios se les explicaron los posibles diagnósticos y las distintas pruebas complementarias necesarias para confirmarlos, advirtiéndoles desde un principio que muy posiblemente el único tratamiento sería el quirúrgico y que el pronóstico en cualquier caso era reservado.

Las pruebas complementarias que se ofrecieron fueron la exploración vaginoscópica, la radiología simple de abdomen, la uretrocistografía de contraste yodado y la urografía excretora.

La hematología y los perfiles bioquímicos sanguíneos mostraron resultados normales.

La radiografía simple de abdomen no detectó nada anormal.

A la exploración vaginal mediante vaginoscopia se evidenció hipertrofia de clítoris, ostium uretral externo en situación muy caudal y se sospechó de anormalidad vaginal.

La neumouretrocistografía confirmó la existencia de urovagina y se sospechó de uréter ectópico e hidrouréter, ambos confirmados mediante la realización de uretrocistografía de contraste yodado en posturas lateral y ventral.

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El diagnóstico definitivo fue ectopia del uréter derecho, cuya desembocadura se localizaba en la uretra, de forma extramural, con hidrouréter secundario y uro-vagina.

Tratamiento:

El único tratamiento posible fue el quirúrgico.

La realización de una operación correctora mediante recolocación y creación de un estoma vesical del urétyer afectado fue desechada debido a que la enorme dilatación de dicho uréter hacía bastante improbable que la capacidad reguladora y contráctil de su musculatura volviera a su tono fisiológico normal, lo que sometería a la perra a riesgos innecesarios de infección urinaria, por reflujo vesico-ureteral, y a la necesidad de una segunda intervención quirúrgica si persistía el hidrouréter. Eso tambien supondría un coste económico adicional para los propietarios.

Por ello se optó por una cirugía radical mediante ureteronefrectomía unilateral derecha, tras ser comprobada el correcto funcionamiento del riñon opuesto.

La técnica quirúrgica seguida fue la descrita por Holt, 1996.

Se administró terapia antibiótica previa.

Bajo los efectos de la anestesia general profunda y perfusión endovenosa de fluidoterapia, se realizó el abordaje de la cavidad abdominal mediante laparatomía por la línea media ventral. Una vez localizado el riñón a extirpar, se disecó el hilio hasta aislar los vasos renales y el uréter. Se ligaron los vasos renales mediante ligadura doble con material sintético absorbible trofilene 2/0 y se cortaron. A continuación se localizó la entrada del uréter a la vejiga urinaria, se ligó y se seccionó en situación proximal a la ligadura.

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El cierre de la cavidad abdominal se realizó mediante técnica rutinaria en cuatro capas (peritoneo, muscular, subcutaneo y piel) empleando para ello como material nylon, flexigut y seda en distintos patrones de sutura continua y discontinua.

Histopatología:

El estudio histológico de uréter y riñón extirpados confirmó la existencia de una severa hiperplasia ureteral y pielonefritis focal.

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El riñón afectado presentaba un proceso inflamatorio y esclerosante de carácter irreversible junto con la presencia de signos fetales debido a la imposibilidad del tejido de desarrollarse como consecuencia de los procesos renales nombrados anteriormente.

Evolución:

El primer contról se realizó a los seis días de la cirugía. La retirada de puntos cutáneos y segundo contról a los 10 días postcirugía, no existiendo ya signos de incontinencia urinaria

A los 30 días siguientes se realizó una exploración clínica vaginoscópica y citoscópica, comprobándose la imagen de perfecto cierre, biopsiandose la mucosa de la vejiga urinaria.

Conclusiones:

La recuperación de la paciente fue magnífica y la intervención resolvió por completo el problema de incontinencia urinaria, con lo que se satisfizo plenamente las expectativas de los propietarios.

En nuestra experiencia clínica no es habitual que nos llegue a consulta un caso tan crónico de incontinencia urinaria, ya que o el propietario decide desprenderse del animal o se diagnostica con prontitud por lo que el tratamiento es menos radical.

En el caso de Sascha que nos ocupa no hubo más alternativa que la extirpación del riñón y del uréter afectados.

En 1.992 realizamos una operación similar por incontinencia urinaria adquirida y dilatación uretral a Tina, una perra de raza Pastor Alemán, cuando tenía 8 años, con ovariohisterectomía simultanea, y en la actualidad aún vive aunque en tratamiento de cauda equina debido a su avanzada edad (11años) y a su obesidad.

En otras ocasiones hemos efectuado nefrectomía o por hemorragia renal aguda tras heridas irreparables del riñón o por accidentes de tráfico o por mordeduras de perros penetrantes en abdomen, y ante casos de tumores en riñón.

Todos los perros que hemos nefrectomisados han realizado una vida normal y han fallecido posteriormente por otras patologías no relacionadas. El caso más satisfactorio fue para nosotros una perrita operada con 7 meses de edad de extirpación del riñón izquierdo y que ahora tiene cuatro años de edad y aún sigue viviendo con sus propietarios con absoluta normalidad.

Agradecimiento:

A los compañeros Regino Gil Díaz y Francisco G. Alvarez Fríaz de Clínica Albeitar de Melilla por haber confiados en el Hospital Centro policlínico Veterinario Málaga al remitirnos el caso.

Bibliografia:

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